VISION ESTRATEGICA - EDICION 76
         
 

EDUARDO BLASCO, DE MAXINVER

“Hoy el mayor riesgo es una suba de tasas”

Si el escenario internacional sigue siendo bueno, la Argentina puede crecer al 6 u 8 por ciento. Si varía, “ojalá crezcamos la mitad”, afirma Eduardo Blasco, presidente de la consultora financiera Maxinver. El mayor riesgo es una suba internacional de las tasas y una baja en el precio de los commodities. Blasco también dice que en adelante el país debe hacer “marketing” como buen pagador y que mantener un alto superávit fiscal –“al menos por 10 años”– debe ser una política de Estado.

- Ahora es sustentable la capacidad financiera de la Argentina para pagar su deuda pública?
- Todo se vincula con que la Argentina pueda dar una imagen de capacidad de repago de la deuda. Cuando un país está endeudado, se considera lógico que pueda pagar los servicios de intereses y que renueve una cantidad importante del stock de la deuda. Por otra parte, la relación deuda-producto bruto, que para calcularlo depende si se toma a aquellos que no ingresaron al canje, está en el 80 por ciento. Si uno tiene que suponer que debe amortizar en un plazo no demasiado prolongado el 80 por ciento de su deuda, está en problemas. Pero si tiene servicios de intereses relativamente bajos, por ejemplo la Argentina tiene deudas con tasas relativamente bajas del 4 o 5 por ciento, tanto las que son sobre inflación como en dólares, entonces la situación varía. Porque aunque se tenga 80 por ciento de deuda con relación al PBI, si la tasa de interés es del 5 por ciento, la cuenta da que la deuda ocupa el 3,2 por ciento. Si el país se toma en serio una sana administración fiscal, tener un superávit operativo primario del 3 por ciento, la deuda es algo sustentable.
- Es decir, resulta clave mantener el superávit fiscal.
- El tema del marketing de la Argentina como buen pagador es fundamental. Quienes le presten al país tienen que “comprar” que la política de superávit fiscal va a ser una política de Estado, es decir, que no importa quién esté en el Gobierno, todos se van a preocupar de tener un superávit fiscal primario suficientemente alto como para poder pagar correctamente los intereses. Esas leyes de solvencia fiscal con las provincias tienen que ser creíbles para que este país en los próximos 10 años tenga una conducta fiscal responsable. Si los agentes económicos compran este escenario van a estar dispuestos a refinanciar a la Argentina a tasas bajas.
- De todos modos, la Argentina debe financiar sus vencimientos porque no tiene capacidad para cancelar capital de deuda.
- Así es. Tiene que financiar parte de los vencimientos de capital. Estimo que va a tratar de salir a financiar a una tasa en pesos ajustados por inflación del 3 por ciento. Si el escenario internacional no cambia, no resulta imposible que se consigan este nivel de tasas o como máximo un 4 por ciento. Si logra esto, se ingresa en un círculo virtuoso donde se consigue plata barata, por lo tanto es más fácil pagar y entonces se va a conseguir plata más barata todavía. Cuando el ministro de Economía dice que no va a recurrir al mercado de capitales, lo que expresa es que no va a aumentar la deuda.
- La Argentina ha quedado como la oveja negra porque hizo una quita gigantesca y a largo plazo. ¿Esto se penaliza en el ámbito internacional? ¿El FMI y el G7 se lo van a perdonar?
- El tema de la gente que no ingresó al canje implica una cifra suficientemente grande como para que se le encuentre una salida. Va a haber presión en este sentido. Suponiendo que este problema de alguna forma se solucione, si algo caracteriza a los mercados financieros locales e internacionales, es la poca memoria. Después de lo que ocurrió en el mercado financiero local, si alguien hubiera pensado que la gente iba a depositar plata en pesos a tasas internacionales del 3 y 4 por ciento, le hubieran dicho que estaba totalmente loco. Sin embargo esto está ocurriendo. Rusia en 1998 tuvo una crisis de pagos terrible, tanto que hizo cuestionar la solvencia del sistema financiero en el mundo. Tres años después, el gran negocio era invertir en Rusia. En 1989, por supuesto que en un monto sensiblemente inferior al de Rusia, la Argentina hizo una especie de borrón y cuenta nueva. Pues no hubo mejor momento para los negocios financieros en la Argentina que en los años posteriores. Hoy mismo, después de todo lo que ocurrió, hay títulos públicos que cotizan al 100 por ciento.
- ¿Vendrán capitales por la salida del default?
- El flujo de capitales a los mercados emergentes no depende tanto de lo que suceda en ellos, sino del comportamiento de las tasas de interés en los mercados internacionales. Si las tasas de largo plazo se quedan en los niveles actuales es una cosa, pero si suben, por más que nos portemos bien, no vendrán los capitales. Es un mundo globalizado. Importa más lo que ocurra en los mercados internacionales que aquello que se haga internamente.
- ¿Y cuál es la perspectiva?
- Nosotros pensamos que las tasas tanto de corto como de largo plazo van a subir, las de corto más que las de largo, evaluamos que un 2 por ciento más. Mientras que las de largo plazo pueden subir pero no más allá del 1 por ciento. Ahora si nos equivocamos en este escenario, será muy difícil la situación tanto para los mercados emergentes como para la Argentina. Todos van a recibir el golpe sin ninguna duda.
- ¿Hay posibilidades de una fuerte suba de tasas que perjudique a las economías emergentes?
- Mire, en la década del 80 las tasas de interés de largo plazo llegaron a estar entre el 15 y 18 por ciento anual. En la década del 90 se consideraban que eran bajas cuando el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, inició el plan de convertibilidad porque estaban en el 8 por ciento anual. Ahora están entre el 4 y 4,5 por ciento anual, la cuarta parte de la década del 80 y la mitad de la década del 90. Es una circunstancia excepcionalmente buena que explica en gran parte el 76 por ciento de canje. Si el escenario internacional sigue siendo bueno, la Argentina puede crecer al 6 u 8 por ciento; si varía el escenario ojalá crezcamos a la mitad. Más allá de mirar lo que sucede internamente, hay que prever qué acontecerá en el ámbito internacional. Si las tasas internacionales suben fuertemente, caerá el precio de los commodities y el panorama resultará a todas luces negativo.
- ¿Cuál cree que será la agenda económica del Gobierno en esta etapa?
- El Gobierno tiene que ordenar un problema de precios relativos, en el cual el incremento de las tarifas públicas resulta clave. Uno de los pilares para que la economía funcione bien es la estabilidad monetaria que no quiere decir inflación cero, sino del 2 al 4 por ciento anual. Cuando se empieza a escapar ese nivel de inflación, que es compatible con el crecimiento, comienzan los problemas. Por lo tanto hay que transparentar estos temas y hacer políticas tanto fiscales como monetarias para que no se eleve la inflación. Uno de los grandes objetivos del Gobierno es que si hay un aumento de precios relativos y este año se concluye con un 10 por ciento de inflación, que sea un hecho puntual como lo fue la devaluación. Se puede trabajar técnicamente sobre esto, hay gente capacitada, sólo debe haber decisión política para encarar este tema.
- Bien, un punto de la agenda, entonces, es la inflación. Otro punto: el acuerdo con el FMI.
- En cuanto a la relación con el FMI, el presidente de la Nación quisiera pagarle todo pero esto es inviable; de alguna forma se va a tener que acordar. Y después que se solucionen estos temas que son un poco más urgentes, el Gobierno deberá dar a conocer cuál es el plan estratégico de desarrollo, porque tanto en el 2002 como en el 2003 vivió apagando incendios. Ahora es la hora de explicitar cuál es la economía que se quiere de aquí a diez años. Por ejemplo, dar a conocer las proyecciones macroeconómicas de aquí a cinco años, o cuál será el proceso de distribución porque la Argentina tiene un problema distributivo muy grande. Tiene el 40 por ciento de pobreza y el 20 por ciento de indigencia, y el país no puede plantearse un programa de desarrollo sin solucionar estos temas. También cómo hará para bajar el trabajo en negro. Esta es otra cuestión de relevancia porque la gente no paga las cargas sociales. Es decir, cómo va a solucionar estas cuestiones estructurales que hoy están en el tapete.
- ¿Es necesaria una reforma tributaria que baje los impuestos al trabajo y ganancias a las pymes o el IVA a los consumidores, entre otras medidas?
- Lo primero que hay que hacer es generar una confianza en la sociedad de que los impuestos son bien utilizados. La confianza de que el dinero que se paga en impuestos es razonablemente invertido, resulta fundamental para la vocación de pago. Hay un cambio cultural, ya la gente no anda publicando que no paga. Hasta hace no demasiados años se decía que el que pagaba impuestos era un idiota. Actualmente esto no es así y en la medida que se avance en este criterio más saludable, con controles y concientización, se va a poder pensar seriamente en la reducción de alícuotas de impuestos. Como, por ejemplo, en la eliminación de retenciones, o del impuesto a las transacciones bancarias, que son tributos distorsivos.
- ¿No faltan señales políticas para que los empresarios inviertan?
- No hay ninguna duda de que algunas señales políticas no han sido favorables para incentivar la inversión, o por lo menos trajeron como consecuencia que los empresarios exijan retornos mucho más altos para invertir. Creo que hay cuatro elementos fundamentales que deben ser tenidos en cuenta: el primero es que continúe la estabilidad de precios, el segundo es que la sanidad fiscal sea vista como una política de Estado, el tercero es que haya una vocación en el pago de los impuestos, y el último aspecto, que no es menor, es el tema de la seguridad jurídica.

Silvia Triñanes

 
       
     
   
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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