ESTRATEGAS        
 
IMPACTO DE LOS DESASTRES NATURALES DE 2017
Un año catastrófico
Los costos globales de las catástrofes que afronta el mercado de seguros superan los US$ 100 mil millones en sólo un trimestre. En este marco, la industria aseguradora mundial prevé el fin del mercado blando en los precios. Foto: Guillermo Pastore, CEO en la Argentina del broker Special Division Reinsurance.
“Puedes cambiar antes de que sea necesario o puedes esperar a que sea demasiado tarde”, señala un aforismo milenario que quizás no estaría mal tener presente en un momento como el actual, en el que si tuviésemos que elegir la palabra del año la ganadora sería “desastre”. Huracanes, inundaciones, sequías, incendios, ciclones, terremotos… la naturaleza ha jugado en contra de 2017 y el resultado es un paisaje de incertidumbre que pone de manifiesto las debilidades, sí, pero también las fortalezas del negocio.

Especialmente vulnerable a este contexto, el mercado reasegurador se ha visto sacudido en su base y aunque aún se están tratando de calcular los costos globales de las catástrofes se estima que, sólo para el tercer trimestre del año, superarán los US$ 100 mil millones. Expertos internacionales en cambio climático aseguran que las condiciones extremas de la naturaleza para este año no son un hecho puntual y aislado sino algo que si nada cambia se convertirá en tendencia. y predicen “enormes terremotos” para 2018 a consecuencia de la desaceleración del movimiento terrestre. Para tener en cuenta.

Las pérdidas que las catástrofes naturales de los últimos meses han causado en el mercado reasegurador global son enormes. Sus principales actores se muestran optimistas y preparan pagos millonarios, mientras se discute sobre la necesidad de terminar con la tendencia que, desde hace unos años, viene reduciendo los precios.

 

DESASTRES. Aunque el último trimestre ha sido especialmente violento, en lo que atañe a los eventos naturales, lo cierto es que el año comenzó amenazando. Lo hizo con un terremoto que, en enero, sacudía el centro de Italia. Después vinieron las inundaciones que anegaron zonas de Asia como Bangladesh, el norte de la India o Sri Lanka, causando muertes, desplazamientos y destrozos masivos.

En América Latina también hubo fuertes precipitaciones que dejaron inundaciones -y víctimas- en la Argentina, Brasil, Chile, Perú y Colombia donde, además, se produjeron importantes desmoronamientos. En agosto era China la que temblaba con un terremoto de grado 7.0 que causaba 25 muertos. También en agosto llegaba a Norteamérica el Huracán Harvey (de grado 4), que asoló Texas, Houston y Louisiana causando un daño de una magnitud con pocos precedentes. Después vinieron Irma y María; el primero causó destrozos en Florida, Georgia, Carolina del Sur e islas del Caribe como Cuba, San Martín, San Bartolomé o Barbuda. Todavía tenía que llegar la tormenta María, que tocó tierra el 19 de octubre y devastó Puerto Rico, azotando también República Dominicana y las Antillas Menores. Lo que se sumaba al terremoto que el día 19 de septiembre, con su fuerza de 7.1, devastaba Ciudad de México, Morelos y Puebla causando cientos de muertos y miles de heridos tras provocar el colapso de más de 40 edificios. Veíamos también incendios en California, España, Grecia…

“Estos acontecimientos pasarán factura y probablemente acabarán con las ganancias anuales de la industria y pueden afectar su capital”, señalaba un informe publicado -a mediados de noviembre- por la agencia de calificación estadounidense Standard & Poor’s Global Ratings y titulado Las pérdidas por catástrofes del tercer trimestre se están convirtiendo en un evento significativo para las reaseguradoras”. El informe señala, por otro lado, que la posición de capital es “extremadamente fuerte” en el sector y eso lo hace “resistente a eventos extremos” (al 30 de junio de 2017 el mercado tenía un capital de US$ 605 mil millones, incluyendo 89 mil millones de capital alternativo, lo que lo colocaba en una buena posición para asumir riesgo). Aún así, desde la consultora advierten de que “la volatilidad de las ganancias de las reaseguradoras globales crecerá a medida que la exposición al riesgo de catástrofe natural permanezca sin cambios”.

Ante la creciente posibilidad que catástrofes de tal intensidad se sucedan con frecuencia, se adivinan novedades en el sector reasegurador y es posible que uno de sus próximos objetivos a corto plazo sea adecuarse a las características de un mercado infinitamente sensible al cambio climático. Dicho de otro modo, parece muy posible que se haga necesario actualizar los modelos de riesgo a medida que el planeta se calienta. En lo que respecta a América Latina y el Caribe (LAC), según un informe de la agencia Fitch Ratings, “las estrategias de gestión del riesgo de catástrofes podrían generalizarse”. Además, el informe alerta de que “el riesgo fiscal de los desastres naturales para el riesgo soberano en LAC está aumentando”.

Sin duda, las cifras de 2017 han sido una importante llamada de atención sobre este tema en el mundo entero. Las pérdidas se cuentan en cientos de miles de millones y los principales actores del sector saben que -aunque de eso se trata su negocio- algo tiene que cambiar. Jörg Schneider, director financiero de la reaseguradora alemana Munich Re -cuyas pérdidas por catástrofes ascienden a US$ 1.692 millones para el tercer trimestre de este año- aseguró ante los medios que la base de capital es fuerte y pronosticó una recuperación del mercado. El Grupo reconoció que la siniestralidad por eventos catastróficos tuvo un impacto negativo en el resultado de US$ 3.760 millones, de los que más de 3.100 millones se debieron a las pérdidas causadas por los huracanes Harvey, Irma y María, a las que se suman las de los terremotos registrados en México en septiembre. Aún así, esperan cerrar el año con una “pequeña rentabilidad”.

Los suscriptores del mercado londinense del Lloyd’s estiman que deberán pagar unos US$ 4.500 millones por los daños causados por Harvey e Irma en el sur de los Estados Unidos y el Caribe. Aún queda por calcular lo que le costarán los daños provocados por María, el terremoto de México y los tifones de Asia, pero los analistas del gigante inglés  estiman que los costos subirán al menos US$ 1.000 millones más al sumar estos últimas tres desastres.               
Otras grandes reaseguradoras globales también han ido comunicando sus cifras en las últimas semanas y las perspectivas distan de ser alentadoras. La compañía de reaseguros suiza Swiss Re dijo a mediados de octubre que las catástrofes implicaban una siniestralidad de US$ 3.600 millones para el tercer trimestre y anunciaba pérdidas de 468 millones de dólares para los primeros nueve meses de 2017.

Desde la también suiza Zurich se anuncian pérdidas en torno a los US$ 620 millones. Mapfre Re, hizo públicos sus cálculos, resaltando que los huracanes tendrán un impacto de más de US$ 200 millones en su resultado atribuible a 2017, lo que le supone la mitad de lo ganado. La compañía anunció, además, que rebajaría sus objetivos financieros para el período 2016-2018. Las pérdidas de Chubb tras las catástrofes ascienden a US$ 1.500 millones para el trimestre, lo que supone una pérdida operativa de 60 millones. Es un golpe, pero -señaló el CEO de Munich Re- “las elevadas pérdidas por catástrofes naturales graves forman parte de nuestro negocio, es por lo que estamos aquí”.

 

CAPACIDAD. El mercado reasegurador tradicional, que desde 2011 venía viviendo una época de bonanza que trajo consigo la mencionada baja de precios, observa estos guarismos con cautela. De todos modos, la mayoría de las reaseguradoras se muestran optimistas. Según dijo a Estrategas Guillermo Pastore, CEO en la Argentina del broker Special Division Reinsurance, “el mercado mundial de reaseguros está muy bien capitalizado y tiene sobrada capacidad y solvencia para absorber sin inconvenientes las catástrofes acontecidas”. Sin embargo, cabe destacar en este punto que en un informe publicado recientemente por la consultora A. M. Best se mantiene una perspectiva negativa para el sector y se señala que “se necesitarán aproximadamente cinco trimestres para recuperar lo que se ha pagado”. El informe afirma, además, que “la tasa de interés podría acelerar el plazo pero algunas compañías pueden tardar de dos a tres años en recuperar estas pérdidas”.

Según Standard & Poor’s la situación plantea importantes dudas, que arrojan sobre el sector desde su informe: “¿Ha llegado el ciclo de fijación de precios del reaseguro a un punto de inflexión? ¿Cómo reaccionarán los reaseguradores tradicionales y los proveedores de capital alternativos a estos eventos?”.

Hace unos días, durante una conferencia de prensa, el CEO de Chubb, Evan Greenberg, apuntaba a dar respuesta a estas cuestiones. El ejecutivo señalaba que este año se había visto “lo inadecuado tanto de los precios como de los términos, así como los consecuentes débiles resultados de la industria. Esto junto a la magnitud de las pérdidas por catástrofes del año a la fecha, debemos de estar al comienzo del endurecimiento del mercado”. Desde México, el director general de THB, Octavio Careaga, aseguraba que “el mercado internacional va a tener que modificar el costo del reaseguro para compensar las pérdidas”.

Consultado por Estrategas acerca de estas perspectivas, Marcelo Rodríguez, Senior Partner en RiskGroup Argentina, afirma que “es prematuro decir si estamos o no ante el fin del mercado blando” y opina que “en 2018, probablemente veremos un mercado de reaseguro más estable, más exigente en medidas de seguridad y control de pérdidas que podría involucrar alguna suba puntual según los resultados del riesgo”. El directivo añade que, si sumamos la adaptación a las nuevas tecnologías del mercado, la amenaza terrorista y los riesgos cibernéticos a los desastres naturales, estamos cerca de un “cambio dramático de tendencia en los precios”. En su opinión “el reaseguro se ha convertido en una herramienta fundamental para acotar pérdidas mayores y la recapitalización de los fondos catastróficos gubernamentales”.

Según el CEO de Special Division Re “existe consenso en que la tendencia de baja de precios se revertirá pero no hay uniformidad de criterios en el porcentaje de los aumentos o en cómo se dividirá por regiones y tipo de riesgo”. Señala Pastore que las primeras reacciones y comentarios tendieron a “impulsar un aumento importante, que se reflejó en algunos facultativos y muy pocas renovaciones de selectivos contratos. Actualmente la tendencia se morigera y apunta a aumentos moderados”. Consultado por las tasas en la próxima renovación de contrato, el directivo afina la explicación y señala que “lo más probable es que los aumentos ronden el 5 por ciento”.

“Todo apunta –concluye- a que los mayores incrementos serán soportados por los Estados Unidos y el resto del mundo verá sólo subas diferenciadas” y añade que “el mercado local se verá afectado, pero en menor medida que las áreas más vulnerables y fuertemente aseguradas. Sin embargo, al estar en una economía global se observarán renovaciones con moderados aumentos. Así como la Argentina se benefició en los últimos años con rebajas por sobre la capacidad mundial, ahora tendrá que afrontar el cambio de tendencia”.

 

RIESGO CLIMÁTICO. El caso es que, a medida que la temperatura del planeta se eleva y su movimiento se ralentiza se adivina necesario buscar nuevas formas de manejar el riesgo. Guillermo Pastore señala que “el 70 por ciento del riesgo climático global no está cubierto, y si se consideran sólo los países en desarrollo esa cifra trepa al 98 por ciento”.

Surge entonces otra pregunta: ¿Podría esto traducirse en una oportunidad de mercado? Octavio Careaga aseguraba tras el terremoto del 19 de septiembre que en su país, México, “el sector es sólido y se tienen las reservas catastróficas adecuadas para hacer frente a siniestros incluso de mayor magnitud que los ocurridos”. “Sin embargo”, se lamentaba, “la falta de cultura del seguro hace que la afectación al sector sea menor”.

Desde RiskGroup, Rodríguez afirma que si nos ceñimos a Latinoamérica o a la Argentina, la mayoría de catástrofes no están aseguradas, “porque suelen suceder en áreas de baja densidad industrial o poblaciones de escaso poder económico y porque la mayoría de los países de la región carecen de una política de aseguramiento colectivo contra estas eventualidades”. Es por eso que es de la opinión de que “esta es una enorme oportunidad para el mercado de seguros y reaseguros argentino”, el directivo también cree que “habría que considerar la posibilidad de establecer Fondos Nacionales para cubrir la parte catastrófica de las emergencias económicas locales lo que daría cierto alivio a las aseguradoras, así es como funcionan los países más evolucionados en materia de seguros”.

Al imaginar el negocio del reaseguro en un futuro marcado por los eventos climáticos catastróficos, desde A.M. Best señalan que “la nueva realidad para el mercado reflejará una industria en la que los retornos son menos impresionantes la suscripción tendrá más peso en el total de los beneficios, con una selección de riesgos más cautelosa, una diversificación de la oferta de productos y un alcance geográfico más amplio”. Para Marcelo Rodríguez, “el mercado ha atravesado muchas veces por ciclos similares y catástrofes aún peores, endureciéndose un par de años para después volver a competir por precio”, dice, y añade que “las relaciones con las reaseguradoras deben basarse en el largo plazo y no en el oportunismo de precios”. Para Pastore, las compañías más voluminosas tendrán cada vez mayores partes del negocio, reduciendo el reaseguro y señala que “en el proceso de concentración en que el mundo está inmerso es altamente probable que con el tiempo sean las aseguradoras las que concentren cada vez más porciones importantes de riesgos en detrimento de los reaseguradores”.

Sin exagerar y sin quitarle tampoco ninguna importancia, señala Marcelo Rodríguez que “catástrofes devastadoras hubo siempre y el mercado, con altibajos, siempre se recuperó de los cimbronazos. Un ajuste de los precios y un endurecimiento de las condiciones parecen las salidas más habituales tras un año lleno de desastres, pero no es suficiente”. El Senior Partner de Risk Group Argentina insiste: “Tenemos que cambiar el enfoque”.

 

Bárbara Álvarez Plá

Publicado el 26/12/2017
 
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