ESTRATEGAS        
 
PRODUCCIÓN, SINIESTRALIDAD Y PERSPECTIVAS DEL SEGURO AGRÍCOLA
Un negocio al límite
El nivel de aseguramiento decreció por los problemas climáticos que afectaron a la soja, pero la producción de seguros para el campo avanza atada al incremento en hectáreas aseguradas. Foto: Fernanda Muñoz, subgerente de Riesgos Agrícolas de Seguros Sura
La Segunda Seguros Generales, Sancor Seguros y Allianz Argentina concentraban a marzo más del 58% de la producción del ramo Riesgos Agropecuarios y Forestales, mejor conocido como Agro, del que participan 25 compañías que a marzo ya habían emitido más de 3.200 millones de pesos en primas. Ciclotímico en sus resultados por su estrecha relación con los caprichos del clima, este año le toca ser noticia por la positiva. En comparación con el pésimo balance que presentó el negocio a junio de 2016, los números no oficiales al cierre del último ejercicio anual (junio 2017) indican que la producción se mantuvo a pesar de que se redujo la cantidad de hectáreas aseguradas, que bajó la siniestralidad por la benevolencia del tiempo y que el resultado técnico es positivo-casi-neutro. Estrategas habla con los protagonistas de un ramo que vive al límite, para analizar lo que pasó y pronosticar qué se puede esperar para la campaña que ya está en marcha.

PRODUCCIÓN. En la última campaña agrícola creció la cantidad de hectáreas sembradas de cultivos de fina (principalmente trigo y cebada) un 23% en Buenos Aires y a nivel nacional un 16%. Esto traccionó la venta de seguros agrícolas de fina. “Se sembró más y, también, se aseguró más, ya que la eliminación de las retenciones al trigo mejoró la ecuación para el productor agrícola”, explica para empezar Gustavo Mina, gerente de Seguros Agropecuarios de Sancor Seguros, histórico protagonista del ramo con el 20% de la producción a marzo de este año y 673.180.684 de pesos en primas emitidas.

En cambio, los cultivos de gruesa (soja, básicamente) no corrieron la misma suerte ya que se vieron seriamente afectados por dos fenómenos climáticos extremos: las inundaciones de octubre y diciembre de 2016 en el norte de la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y este de Córdoba, y las sequías en el sur de Buenos Aires en los meses de noviembre y diciembre del año pasado. En el correlato con seguros, hay que decir que la inundación y la sequía no están cubiertos pero que impactan en la venta de pólizas. Según explican los especialistas consultados en esta nota, muchos productores agrícolas decidieron no asegurarse porque: a) al momento de tener que tomar la decisión, ya estaban bajo el agua o b) la inundación demoró la siembra -porque hubo que esperar que a que escurrida el agua- y para entonces la percepción de riesgo ya era baja. Por su parte, las pólizas que habían sido emitidas antes de la inundación debieron darse de baja luego, cuando los cultivos se estropearon por exceso hídrico.

“En gruesa, hubo un incremento en la siembra de maíz, también por la eliminación de las retenciones. Pero, en suma, hubo una reducción del área asegurada de entre un 10 y 15 por ciento, sobre todo por la caída de aseguramiento en soja”, señala Andrés Laurlund, gerente de Granizo y Agencia Tres Arroyos de Allianz Argentina, operador que a marzo se ubicaba en el tercer lugar del ranking de producción con 498.737.927 pesos de primas emitidas (más del 15% de participación en el negocio). “Para nosotros esta campaña disminuyó la cantidad de hectáreas aseguradas porque hicimos varios ajustes en las coberturas aplicando deducibles, como respuesta a los malos resultados de la campaña anterior”, explica el ejecutivo.

Sancor, por su parte, creció un 12 por ciento en cantidad de hectáreas aseguradas. “Pero a nivel mercado esta variable puede haber decrecido. De hecho, veníamos asegurando más del 60 por ciento de la superficie sembrada y hoy estamos cerca del 50 por ciento. Estamos en una meseta”, describe Mina. “Se retrajo la superficie asegurada, sí -confirma María Fernanda Muñoz, subgerente de Riesgos Agrícolas de Seguros Sura-. Pero la suma asegurada promedio parecería no haber bajada tanto. Por eso creo que tal vez la producción total de mercado se mantuvo”. Sura emitió 82.763.548 de pesos en primas a marzo de 2017.

La Segunda, operador líder del negocio con más del 22,5% de participación (746.574.719 de pesos en primas emitidas a marzo de 2017), creció un 15% en hectáreas aseguradas en fina y en gruesa registró una caída del 5%. “La merma en gruesa está dada por las inundaciones. Muchos lotes se sembraron y luego se inundaron, lo que generó una caída en las sumas aseguradas”, confirma Carlos Comas, gerente de Riesgos Agropecuarios y Forestales del Grupo Asegurador La Segunda, compañía para la que el ramo creció, en primas, un 15%.

Por su parte, Mercantil andina Seguros creció un 24% en volumen de primas en este ramo (había emitido 211.087.447 de pesos a marzo). “En fina crecimos -a pensar de la sequía que afectó en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires y en La Pampa, donde nosotros somos fuertes- porque hubo más siembra de trigo que en años anteriores. Por su parte, gruesa redujo un poco su participación en nuestra cartera debido a que la inundación achicó las zonas sembradas y/o asegurables de soja”, describe Guillermo De Piero, jefe nacional de Riesgos Agrícolas de la compañía, quien estima que el aseguramiento en general, a nivel mercado, se redujo un 15%, también (sobre todo) debido a la baja que se dio en la cotización de los granos por las perspectivas de cosechas récord en todo el mundo. “Si los márgenes se achican para el productor, contrata menos seguros. Eso es un hecho”, concluye De Piero.

CLIMA Y SINIESTRALIDAD. El principal flagelo climático en nuestro país es el granizo (de hecho, Mendoza es uno de los lugares en los que más graniza del mundo) y por eso la principal cobertura de Agro es, en efecto, la de Granizo. Así, la siniestralidad del ramo está directamente relacionada con la caída de piedras.

Hablando de pierdas, la mitad de la biblioteca habla de calentamiento global y cambio climático; la otra mitad, simplemente de variabilidad. “Yo comparto la visión de que, si bien es cierto que existe un calentamiento global que impacta en nuestro país, lo que vemos en Argentina es una variabilidad normal. Si lo miramos en un ciclo largo, en series de 100 o 200 años, veremos que los fenómenos climáticos tienen un patrón natural”, ilustra Guillermo Thomas, gerente de la flamante División AgroGranizo de Paraná Seguros, nuevo operador del ramo. Thomas tiene 25 años de trayectoria vinculada a los seguros agrícolas y es especialista en aplicarle tecnología al negocio.

La campaña que cerró en junio vino con suerte porque no se registraron eventos adversos significativos. “En la primera quincena de enero y en la primera quincena de abril hubo dos tormentas grandes. Pero la siniestralidad del ramo mejoró respecto del año anterior. Tal vez se ubique, a nivel mercado, cerca del 65 por ciento”, estima Laurlund. “Hubo varias tormentas graniceras pero nada catastrófico”, recuerda Comas. “A nosotros nos bajó la cantidad de denuncias de siniestros en por lo menos un 25 por ciento”, comparte De Piero. “Este año hubo menos denuncias pero, sobre todo, lo que bajó fue la intensidad de los daños. Eso explica la diferencia de la siniestralidad comparada con la de 2016”, puntualiza Mina. Para Muñoz, además, lo que pasó fue que en las zonas en las que en general se dan los siniestros más importantes no hubo, esta vez, tanta concentración de aseguramiento: “Recordemos que muchas zonas productivas de la provincia de Buenos Aires y Santa Fe quedaron afuera”, señala. “La siniestralidad depende de la composición de cartera -confirma Thomas-. Por ejemplo, quien opera en el sudeste se habrá visto favorecido esta campaña porque prácticamente no hubo tormentas graniceras en esa zona; de hecho, hubo sequías”.

TARIFAS Y RENTABILIDAD. Con los números cerrado -aunque no oficialmente publicados-, todos los operadores coinciden en que los balances van a mostrar que a junio de este año la siniestralidad del ramo se ubica entre el 60% y el 65%, muchísimo mejor que el 91% del balance anterior. “Esto no se explica por una mejora en las tasas, que se siguen manteniendo bajas”, lamenta el gerente de Riesgos Agropecuarios y Forestales de La Segunda. “A pesar de que veníamos de un año con malos resultados, el mercado siguió muy competitivo. El margen de rentabilidad es reducido en un año que se presentó como bueno”, sostiene Mina, quien recuerda que años atrás hubo intentos fallidos de consensuar un ajuste de tarifas a nivel mercado. Comas acompaña: “Un 60 por ciento de siniestralidad te deja un margen de rentabilidad muy finito, del tres o cuatro por ciento”.

La competencia por precio pone en jaque la rentabilidad del negocio y sin embargo las tarifas siguen planchadas. “En la cabeza del agricultor se configuró un precio bajo que es muy difícil de subir. Entonces, desde el mercado, lo que se hizo fue reconfigurar la ecuación recortando condiciones de cobertura”, señala Thomas. Efectivamente, como no pueden subir las tasas para no perder competitividad, las aseguradoras aplican ajustes en las coberturas: por ejemplo, franquicia más elevadas y resiembra más ajustada (en Agro se paga un porcentaje de la suma asegurada cuando ocurren siniestros en etapa temprana, si todavía hay tiempo para resembrar; bajar ese porcentaje mejora el precio de la cobertura). También se juega con los períodos de carencia (que van desde cero hasta cinco días) y los inicios de cobertura plena.

“Pero no todo es precio. Se puede generar valor desde el asesoramiento y con variantes que forman parte del servicio de cada cobertura. Yo creo que los productos son distintos justamente porque, por ejemplo, no hay cinco compañías que indemnicen igual en el primer estadío”, subraya Muñoz.

PERSPECTIVAS. El pronóstico prevé que la campaña que acaba de empezar estará signada por el fenómeno conocido como El Niño, lo que anuncia un año llovedor. “Si se da lo que pronostican hoy, que es un año Niño débil, no debería haber grandes sobresaltos. No se esperan muchas tormentas ni alta siniestralidad”, anticipa Comas. “Será un año llovedor, pero no tan severo como el que pasó”, estima Mina. De Piero señala algo a lo que cree que hay que prestarle atención: “Hoy hay zonas que están llenas de agua. Habrá que ver qué pasa en lo inmediato respecto de las posibilidades de sembrar fina”.

Para Comas, con la fina el productor agropecuario está teniendo muy buenas condiciones de humedad y eso lo alienta a sembrar más. “Se habla de que este año volverá a crecer la superficie sembrada de fina lo que hace esperar un igual crecimiento de la superficie asegurada. La gruesa, por su parte, se va a mantener”, calcula Comas.

“La perspectiva es favorable, de crecimiento. Pero hay que ser cautos porque es un año eleccionario y eso genera incertidumbre”, aporta Muñoz. “Hasta ahora el clima viene impecable y la siembra de fina marchar muy bien. Las perspectivas son auspiciosas. Creemos que el maíz va a crecer más que otros años y que la soja se va a mantener. El seguro va a acompañar todo esto”, auspicia Laurlund, para quien, debido a los buenos resultados de la campaña cerrada en junio, se van a mantener buenas propuestas para los asegurados en cobertura y en precios. Y es que siempre, luego de una campaña buena, en general el mercado se relaja, baja las tarifas y flexibiliza condiciones de cobertura. “Puede volver a pasar, aunque si se siguen bajando los precios el negocio dejará de ser sustentable”, dice el ejecutivo de Allianz. “No hay margen para bajar las tarifas ni para hacer descuentos. Es un negocio al límite”, advierte Comas.

“Históricamente, después de un año bueno, de baja siniestralidad, en general nos encontramos con un pedido por parte de los productores agropecuarios de baja de tarifas. Habrá que ver qué pasa este año, porque si bien el clima no afectó tanto la siniestralidad, sí afectó el rendimiento total de la cosecha”, agrega De Piero para quien, por otro lado, la expectativa en materia de precios de los commodities es de mejora (aunque lenta y leve) debido a que las perspectivas de cosecha, sobre todo de soja en Estados Unidos, ya no son tan optimistas como el año pasado. “Si se espera una ganancia mejor, se asegura más”, concluye.

Paraná desembarcó recientemente en el ramo con un producto denominado Tero Granizo: “Trabajamos sólo con venta directa -como novedad tenemos el canal smartphone- así que la curva de crecimiento será lenta. Después del tercer año de producción podremos hablar de masa crítica. No apostamos al market share sino a la calidad”, proyecta Thomas.

PRODUCTOS. No hay grandes innovaciones en materia de productos en este ramo. Granizo con Adicionales de Viento y Helada es la cobertura generalizada (98% de la prima de Agro). El producto Multirriesgo Agrícola, único que cubre sequía e inundación -dos riesgos catastróficos que hoy no tienen cobertura en nuestro país-, casi no existe. No supera el 4% de la cartera porque es caro, porque tiene un peritaje complejo (a la siembra y a la cosecha) y porque tiende a caer en la antiselección.

Sancor viene trabajando un Multirriego Global para productores grandes, de más de 3.000 hectáreas, que garantizar la inversión de planes de siempre generales: “En esta última campaña incluimos una propuesta especial para pequeños y medianos productores aglutinados por empresas de proveedoras de insumos. Lo vamos a potencial el próximo ejercicio”, anticipa.

Comas señala una contra del Multirriego: “No te paga los daños de granizo. Me explico: Funciona con el promedio de rinde de cada establecimiento. Supongamos que se define que el gatillo disparador es 15 quintales de rinde promedio de todo un establecimiento. Si tenés un evento de granizo que te hizo perder la producción de un lote completo, pero al final, cuando hacés la cuenta de lo que te rinde en promedio toda tu cosecha -del total de tu superficie-, si la cuenta te da 15 o más quintales, entonces el seguro no te paga el siniestro de granizo aunque te haya hecho perder un lote”.

“Pensar el desarrollo del Multirriego sin la participación del Estado es imposible. Prueba de ello son otros mercados donde esta cobertura es exitosa, en todos los casos con subsidios que van desde el 10 hasta el 99 por ciento”, compara Muñoz. “El único modelo que funciona es el que prevé un joint venture entre Estado, reaseguradores y aseguradoras”, agrega Thomas.

Para encarar el posible amparo de sequía e inundación se empezó a pensar en los seguros índices. Algunos se los imaginan con subsidiados por el Estado y otros como complemento de la cobertura de Granizo que conocemos hasta ahora. “Yo visualizo una posible cobertura índice como adicional de Granizo”, arriesga Muñoz.

“Para cubrir sequía e inundación no se pueden abordar solamente desde el sector asegurador. Tenemos que ponernos de acuerdo el Estado y las industrias del agro y del seguro. Es necesario un subsidio”, sostiene De Piero. “Hugo Rossi, el secretario de Agricultura, anunció un programa piloto de seguro índice para exceso y déficit hídrico en maíz, con subsidio. En breve estaríamos siendo convocadas las aseguradoras para la integración de un pool”, se entusiasma Comas ya que para él ese sería el formato más adecuado para encarar la problemática en nuestro país.

“Hay proyectos, pero no avanzan y no sé si lo harán. Para que funcionen hace falta un nivel de infraestructura que todavía no tenemos, por ejemplo en materia de estaciones meteorológicas”, advierte Laurlund. “Yo creo que la información necesaria para avanzar está, y que es muy valiosa, pero que está dispersa. Sería deseable que confluyera todo en una mega base de datos -climáticos y actuariales- que permita tomar las decisiones correctas. Las compañías tenemos que hacer un esfuerzo de compartir información”, reconoce Thomas.

El problema con los seguros índice es que contradicen un principio fundamental del seguro en nuestro país: no se puede resarcir si no hay daño. Los seguros índice pagan indemnizaciones a partir de un indicador, cuando se cumple con la condición que se estipula para disparar el pago a los asegurados de una zona en general, independientemente de si se generó o no un daño concreto en cada caso en particular. “Teniendo en cuenta la diversidad de escenarios que se pueden dar dentro de una misma zona, con un seguro índice se le podría estar pagando una indemnización a alguien que no tuve ningún daño”, explica De Piero. “También puede pasar a la inversa: que el índice no se dispare pero que, sin embargo, haya daños. Si no pagamos cuando hay daño, quemamos la herramienta”, advierte Mina.

Desde Allianz, Laulund no ve a los seguros paramétricos como una solución para el productor agropecuario individual: “En otros países se ve, pero como seguro global, no individual. Para mí la cobertura que funcionaría para cubrir inundación y sequía sería el Multirriego con subsidio estatal. Está probado que así funciona en todo el mundo”, puntualiza.

De cara a futuro, Thomas propone que el trabajo de tasación de siniestros sea homologado: “Sería importante que este trabajo, que es tan técnico y que se lleva el 70 por ciento promedio de la prima, se hiciera en todos los casos con el mismo criterio, la misma metodología y la misma tecnología”. De Piero, por su parte, cierra postulando que el “objetivo del mercado debería ser ir por el 40 por ciento de la superficie sembrada que todavía no está asegurada y por la industria pecuaria que hoy trabaja prácticamente sin ningún tipo de aseguramiento”.

 

Eliana Carelli

Publicado el 1/8/2017
 
FERNANDA MUÑOZ, SUBGERENTE DE RIESGOS AGRÍCOLAS DE SEGUROS SURA
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